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viernes, 6 de octubre de 2017

Mi gato quiere ser poeta.

Mi gato quiere ser poeta.

Mientras leo frente a la vela,
disimuladamente mi gato se sienta,
coge la pluma y escribe con ella,
y piensa que no me doy cuenta.

Lee los pocos libros polvorientos
que queda en mi biblioteca,
ignoro lo que pasa,
pero se esfuerza por ser un gran poeta.

Y cuando duermo, lee mis versos
en su terciopelo, en silencio,
todo parece un misterio,
no sabe uno de los grandes secretos,
deja sus huellas en mis escritos.

En la oscuridad ve las letras,
no es necesario prender la vela,
juega con las hojas
que quedan tiradas en el piso,
y empieza a copiar mis bellas prosas.

Y cuando despierto, se apresura
en guardar sus notas de ternura,
me queda bien claro, no hay otra duda,
mi gato quiere ser un gran poeta.

Muy cansado llega por la noche,
se acurruca en su fresada de lana,
le echo un vistazo,
y duerme abrazado a su poema,
como si abrazara a su propia alma.

Corrijo en los días libres su obra,
a veces le faltan unas letras,
le perdono a mi gato poeta
porque no sabe nada de gramática.

Mi gato poeta juega todas las noches,
ronronea, husmea los rincones,
no quiere tener enemigos,
su instinto a escribir es más que cazar a los ratones.

Roba mi queso sabroso y fresco
cuando matizo y pinto mi lienzo,
se siente culpable, es muy cierto,
en son de cariño alza su cola
y frota mis rodillas con su pelo.

En poco tiempo ha terminado su poema,
y moviendo sus cejas
escucha cuando le doy lectura,
mira mi cara de asombro,
con sinceridad me fascinan sus letras.

Bαjo el Noмвre de Poeтιтα αzυl®/


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