Mi gato quiere ser poeta.
Mientras
leo frente a la vela,
disimuladamente
mi gato se sienta,
coge la
pluma y escribe con ella,
y piensa
que no me doy cuenta.
Lee los pocos libros polvorientos
que
queda en mi biblioteca,
ignoro
lo que pasa,
pero se
esfuerza por ser un gran poeta.
Y cuando duermo, lee mis versos
en su
terciopelo, en silencio,
todo
parece un misterio,
no sabe
uno de los grandes secretos,
deja
sus huellas en mis escritos.
En la oscuridad ve las letras,
no es
necesario prender la vela,
juega
con las hojas
que
quedan tiradas en el piso,
y
empieza a copiar mis bellas prosas.
Y cuando despierto, se apresura
en
guardar sus notas de ternura,
me
queda bien claro, no hay otra duda,
mi gato
quiere ser un gran poeta.
Muy cansado llega por la noche,
se
acurruca en su fresada de lana,
le echo
un vistazo,
y
duerme abrazado a su poema,
como si
abrazara a su propia alma.
Corrijo en los días libres su obra,
a veces
le faltan unas letras,
le
perdono a mi gato poeta
porque
no sabe nada de gramática.
Mi gato poeta juega todas las noches,
ronronea,
husmea los rincones,
no
quiere tener enemigos,
su
instinto a escribir es más que cazar a los ratones.
Roba mi queso sabroso y fresco
cuando
matizo y pinto mi lienzo,
se
siente culpable, es muy cierto,
en son
de cariño alza su cola
y frota
mis rodillas con su pelo.
En poco tiempo ha terminado su poema,
y
moviendo sus cejas
escucha
cuando le doy lectura,
mira mi
cara de asombro,
con
sinceridad me fascinan sus letras.
Bαjo el Noмвre de Poeтιтα αzυl®/